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La cerveza es una bebida que nace de la combinación de lúpulo, grano, levadura y agua. Pero mientras que los ingredientes son simples, los procesos químicos que lleva no lo son tanto. A través de diversas reacciones, la cebada se convierte en azúcares fermentables que luego son digeridos por la levadura activa para producir carbonatación y alcohol. Si bien los principios básicos de la elaboración de la cerveza han cambiado poco desde su llegada, los aspectos tecnológicos han mejorado mucho. Hoy en día, los grandes depósitos de acero inoxidable se utilizan para la fermentación y la aireación del mosto, y los sistemas automatizados se encargan desde la regulación de la temperatura hasta el embotellado. 

Para producir alcohol de cualquier tipo, los azúcares deben estar separados del grano de maíz, trigo, cebada o centeno. En la producción de cerveza, la levadura digiere los azúcares para crear alcohol y dióxido de carbono. El proceso de elaboración de la cerveza se divide en cuatro pasos discretos: malteado, maceración, ebullición y fermentación.

Primero, el grano debe ser malteado o calentado, secado y agrietado para que ciertas enzimas necesarias estén disponibles. Durante el triturado, el grano se remoja en agua caliente para descomponer las enzimas liberadas por el malteado. Luego, el puré se filtra para eliminar las partículas sobrantes. El líquido azucarado resultante se llama mosto. En la fase de ebullición, se agregan lúpulos amargos para mitigar el sabor excesivamente dulce del mosto. Los lúpulos también actúan como conservante. El mosto se hierve, se enfría y se cuela de nuevo. El mosto también puede ser aireado o inyectado con pequeñas burbujas de aire. Esto ayuda en el último paso del proceso, la fermentación. La levadura se añade al mosto. Alimentada con oxígeno, la levadura digiere los azúcares y libera alcohol y dióxido de carbono. La duración y la temperatura de la fermentación dependen del tipo de cerveza que se haga.

El nitrógeno se utiliza en varias fases del proceso de elaboración de la cerveza. Los cerveceros usan nitrógeno para purgar los tanques entre usos, asegurando que la mezcla residual, el mosto o la cerveza no se oxiden y contaminen el siguiente lote con sabores ásperos o agrios. Se puede usar para desplazar el oxígeno y el dióxido de carbono en los tanques y para empujar la cerveza de un tanque a otro. También se inyecta nitrógeno en los barriles para presurizarlos antes del envío, almacenamiento y uso.

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